Cómo ha de ser una inversión

Mientras solamente unos pocos prosperan económicamente, la inmensa mayoría de nosotros vivimos en la escasez económica. Sin embargo, ¿cuáles pueden ser las causas?

Normalmente, dedicamos un tercio del día a trabajar (siendo esto mucho tiempo) y, si lo hacemos bien, no deberíamos tener problemas económicos. Una de las inquietudes de gran parte de la población es la falta de medios para vivir como nos gustaría. Hemos, incluso, asumido como algo natural que nos vaya mal financieramente. Se nos hace creer que los alimentos y la riqueza son algo de por sí escaso y que, con nuestros exiguos ingresos, no podemos hacer u obtener grandes cosas. No es algo nuevo. Parece ser que vivir en la escasez es algo tan antiguo para los humanos como nuestra propia historia.

Así, vemos con naturalidad que haya ciclos económicos a partir de los cuales cualquier día podemos perder nuestro trabajo y empresa, pero también vemos que hay personas a las que parecen no afectarles las crisis económicas. ¿Por qué sucede esto? No necesariamente radicará la razón en que esas personas tengan suerte -en el caso de personas honestas y no de aquellas otras dispuestas a cualquier cosa con tal de enriquecerse.

Parece ser que, como sucede con todo en el mundo, la prosperidad económica tiene unas leyes y unos principios y el no conocerlos, y aplicarlos, desembocaría en la escasez. La mayoría de nosotros no solamente desconoce esas leyes, si no que incluso somos educados en las normas contrarias. Se nos hace ver que vivir el consumismo y ser parte de él, es lo natural. Hemos de endeudarnos y, a menudo, con cosas superfluas. Creemos que vivir el momento es lo importante, que no hemos de privarnos de ningún antojo y que, como el futuro aún no ha llegado, no hemos de preocuparnos: “Goce ahora y pague después”.

La realidad es que aplicar los principios de la prosperidad es lo correcto y nos hace sentir mejor.

Un dato curioso es que a un 75% de nuestros jóvenes, les gustaría ser funcionarios. Esto no ocurre en otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, sucede lo contrario, casi nadie quiere ser funcionario, aspiran a crear su propio puesto de trabajo. Desde una perspectiva económica, mal situado va un país donde tres cuartas partes de su juventud desean ser funcionarios. Otro tema que llama la atención en nuestro Estado es que los funcionarios, en muchas ocasiones. tienen mejor salario y condiciones de trabajo que la empresa privada. Esto  ocurre en España, Japón y pocos lugares más, aunque a nosotros nos parezca lo normal.

Si observamos cómo educa nuestra sociedad, vemos que el enfoque es crear trabajadores por cuenta ajena, no empresarios o personas con profesiones liberales. El objetivo es crear mano de obra cualificada que, al mismo tiempo, consuma. Esto, tal vez puede haber funcionado durante un tiempo, pero a tenor de los resultados, es obvio que la fórmula de crear consumidores en vez de productores no es la correcta. Es más, es habitual oír frases como: “A mi la economía y la política no me interesan”. Parece ser que un amplio sector de nuestra población no es consciente de la importancia de crear un sistema que nos permita vivir con lo que necesitamos y elegir unos adecuados gestores de lo común.

Existen varios libros que explican la forma de evitar la pobreza en virtud de unas leyes muy simples. Personalmente, destaco dos: El barbero rico de Roy Miller, del que ya he hablado en otra ocasión y El hombre más rico de Babilonia de George Samuel Clason. El primero se puede resumir en tres puntos:

1er punto: AHORRAR TODOS LOS MESES UN 10% DE NUESTROS INGRESOS.

2punto: INVERTIR DE FORMA SEGURA NUESTROS AHORROS.

3er punto: BUSCAR UN RENDIMIENTO ANUAL ENTORNO A UN 15%

En esta ocasión y para el tema que nos ocupa, me focalizaré en el segundo: El hombre más rico de Babilonia (1926) y sus cinco leyes de oro, las cuales reproduzco a continuación, esperando despertar curiosidad para que ambos libros sean leídos.

Las cinco leyes del oro (Clason, 1926):

-Si pudieras escoger entre un saco lleno de oro y una tablilla de arcilla donde estuvieran grabadas unas palabras llenas de sabiduría, ¿qué escogerías?

-El oro, el oro -respondieron a coro los veintisiete presentes. El viejo Kalabab, que había previsto esta respuesta, sonrió.

Exactamente igual que los hijos de los hombres. Dadles a escoger entre el oro y la sabiduría: ¿qué hacen? Ignoran la sabiduría y malgastan el oro. Al día siguiente, gimen porque ya no tienen oro.

El oro está reservado a aquellos que conocen sus leyes y las obedecen.

“En aquel momento me acordé de la tablilla que me habíais dado y en la que habíais grabado las cinco leyes del oro. Entonces leí con mucha atención vuestras palabras de sabiduría y comprendí que, si primero hubiera buscado la sabiduría, no hubiera perdido todo mi oro. Memoricé todas las leyes y decidí que cuando la diosa de la fortuna me volviera a sonreír, me dejaría guiar por la sabiduría de la edad y no por una juventud inexperta.

“En beneficio de los que están aquí sentados, voy a leer las palabras de sabiduría que mi padre hizo grabar en la tablilla de arcilla que me dio hace diez años.

La primera ley del oro

El oro acude fácilmente, en cantidades siempre más importantes, al hombre que reserva no menos de una décima parte de sus ganancias para crear un bien en previsión de su futuro y del de su familia.

El hombre que sólo reserva la décima parte de sus ganancias de forma regular y la invierte con sabiduría seguramente creará una inversión valiosa que le procurará unos ingresos para el futuro y una mayor seguridad para su familia si llegara el caso de que los dioses le volvieran a llamar el mundo de la oscuridad. Esta ley dice que el oro siempre acude libremente a un hombre así. Yo puedo confirmarlo basándome en mi propia vida. Cuanto más oro acumulo, más oro acude a mí rápidamente y en cantidades crecientes. El oro que ahorro proporciona más, igual que lo hará el vuestro, y estas ganancias proporcionan otras ganancias; así funciona la primera ley.

La segunda ley del oro

El oro trabaja con diligencia y de forma rentable para el poseedor sabio que le encuentra un uso provechoso, multiplicándose incluso como los rebaños en los campos.

Verdaderamente, el oro es un trabajador voluntarioso. Siempre está impaciente por multiplicarse cuando se presenta la oportunidad. A todos los hombres que tienen un tesoro de oro reservado, se les presenta una oportunidad, permitiéndoles aprovecharla. Con los años, el oro se multiplica de manera sorprendente.

La tercera ley del oro

El oro permanece bajo la protección del poseedor prudente que lo invierte según los consejos de hombres sabios.

El oro se aferra al poseedor prudente, aunque se trate de un poseedor despreocupado. El hombre que busca la opinión de hombres sabios en la forma de negociar con oro aprende rápidamente a no arriesgar su tesoro y a preservarlo y verlo aumentar con satisfacción.

La cuarta ley del oro

El oro escapa al hombre que invierte sin fin alguno en empresas que no le son familiares o que no son aprobadas por aquellos que conocen la forma de utilizar el oro.

Para el hombre que tiene oro pero que no tiene experiencia en los negocios, muchas inversiones parecen provechosas. A menudo, estas inversiones comportan un riesgo, y los hombres sabios que las estudian demuestran rápidamente que son muy poco rentables. Así pues, el poseedor de oro inexperto que se fía de su propio juicio y que invierte en una empresa con la que no está familiarizado descubre a menudo que su juicio es incorrecto y paga su inexperiencia con parte de su tesoro. Sabio es aquel que invierte sus tesoros según los consejos de hombres expertos en el arte de administrar el oro.

La quinta ley del oro

El oro huyó del hombre que lo fuerza en ganancias imposibles, que sigue el seductor consejo de defraudadores y estafadores o que se fía de su propia inexperiencia y de sus románticas intenciones de inversión.

El nuevo poseedor de oro siempre se encontrará con proposiciones extravagantes que son tan emocionantes como la aventura. Estas dan la impresión de proporcionar unos poderes mágicos a su tesoro que lo hacen capaz de conseguir ganancias imposibles. Pero, verdaderamente, desconfiad; los hombres sabios conocen bien las trampas que se esconden detrás de cada plan que pretende enriquecer de forma repentina.

Creo que hay poco que añadir a estas sabias palabras. Está a nuestro alcance aplicar estas normas y comenzar a crear nuestro pequeño tesoro. Existen pequeños lingotes de oro, en pesos desde un gramo en adelante, siempre habrá un lingote que se ajuste a nuestras posibilidades económicas y mes a mes crearemos nuestro propio plan de jubilación o una bolsa económica que nos permita salir de cualquier contratiempo económico.

Germán Vega – Blog ventadeorocon.com – Julio 2019

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